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Los churros según la Fundación Española de la Nutrición

Los churros, también llamados «frutos de sartén», son característicos de nuestros hábitos alimentarios. Hace más de un siglo, las ferias ambulantes ya llenaban las plazas de Madrid con este producto. Se consumen preferiblemente como desayuno y merienda, más frecuentemente durante los meses fríos de invierno. Tradicionalmente se suelen acompañar con chocolate.

Se desconoce su origen y son muchas las teorías que se han lanzado al respecto. Unos dicen que empezaron a consumirse en Cataluña a principios del siglo XIX, otros creen que fueron los árabes quienes los trajeron a la Península Ibérica. Algunos apuntan a los pastores como los autores, derivando su nombre del ganado churro. Los pastores, que conducían los rebaños en la trashumancia y pasaban largas temporadas en el campo, estaban acostumbrados a acompañar sus comidas con pan. En el campo, la elaboración de la masa no supuso un problema, pero si lo fue la de la cocción de esta. Así que surgió la solución de freír la masa. En cualquier caso, no existe ninguna versión oficial que aclare su origen.

El secreto para hacer bien los churros está en la elaboración de su masa y en freírlos correctamente. Se fríen, de uno en uno, en abundante aceite muy caliente, hasta que estén dorados. Suelen tener forma de lazo y, a veces, una vez fritos se rebozan con azúcar. De forma similar a los churros, son los tejeringos, que están a medio camino entre los churros y las porras. Por último, las porras son un alimento muy parecido a los churros en su composición y forma de consumo. La maquinaria empleada es parecida a la churrera, pero las porras son más gruesas y, en vez de freírse una a una como los churros, se fríen en una gran rosca que se va troceando a la hora de venderse.

Estacionalidad
Este alimento está disponible en el mercado durante todo el año.

Porción comestible
100 gramos por cada 100 gramos de producto fresco.

Fuente de nutrientes y sustancias no nutritivas
Ácidos grasos polinsaturados, ácidos grasos insaturados y fósforo. 52 Cereales y derivados

Valoración nutricional
Los churros contienen en su composición un elevado porcentaje de hidratos de carbono y en menor medida, lípidos, aportados por el aceite en el que se fríen. Los hidratos de carbono son mayoritariamente complejos y los lípidos en su mayor parte, si se fríen en aceite de oliva o girasol, son ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, por ello, un consumo adecuado puede ser un buen complemento dentro de una dieta variada. Su valor nutricional se verá modificado si se consumen recubiertos de azúcar o chocolate, aumentando en ambos casos el aporte energético.